miércoles, 10 de octubre de 2012

Mi experiencia en Brasil con el RADAR ECONÓMICO.



Apropósito de que LURA se encuentra en Japón con el RADAR

Cuando mi hermano Luis Emilio, LURA, como le decimos muchos, comenzó su “aventura” en el mundo de la noticia económica en los inicios de la década  de los ochenta, toda la familia se unió en torno a su proyecto. A pesar de lo difícil que sabíamos que había de resultar semejante empresa, creímos en nuestro hermano y lo apoyamos incondicionalmente; éramos sus más fervientes seguidores y nos reuníamos en torno a los aparatos de radiotransmisión a escuchar por La Voz de la Patria, la emisión del Informativo Económico de la Costa, como se llamó en un comienzo el RADAR ECONOMICO. La Voz de la Patria era la emisora más escuchada por la familia, porque desde niños aprendimos a escuchar a Marcos Pérez Caicedo y a Don Chelo de Castro en ese dial; fue mi papá quién nos enseño a escuchar esa emisora y por ello teníamos y tenemos un cariño muy especial por la misma.

Nos sentíamos orgullosos de que nuestro hermano mayor y nuestra hermana menor trabajaran para “la más importante emisora de nuestro mundo radial” y no solo los escuchábamos sino que observábamos su trabajo periodístico, leíamos sus libretos y hasta opinábamos (atrevidos sus hermanos). En una ocasión, cuando ya Mabel lo acompañaba como locutora en el noticiero, una vez la acompañé y me pasó el micrófono para que diera la hora. Y “me montó la talla” un poco de días y me la sigue montando, por mi "voz de tarro". Fue motivo de diversión para la familia esa “incursión mía en el mundo de la radio”. Y se “frustraron” mis ganas de dar la hora en el RADAR.

Pero el destino tiene sus compensaciones y muchos años después (en marzo de 2002)  me mandó a Fortaleza (Brasil) para que acompañara a LURA, quién había tenido un serio problema de salud, con la finalidad de que estuviera pendiente de el. Y partimos de Barranquilla hacía Bogotá y de ahí al país del fútbol  y la zamba; llegamos a Fortaleza, capital del Estado de Ceará, al nordeste de Brasil, nos inscribimos en el evento, ya que el plan era que permaneciera al lado de LURA todo el tiempo y luego fuimos al hotel donde nos alojaríamos durante nuestra estancia en esa bella ciudad.

Volvimos al lugar donde se estaba desarrollando el evento (ASAMBLEA ANUAL DEL BID), nos ubicamos en la sala de prensa y de ahí salí a un seminario sobre VIH-SIDA, tratado por personajes de diversas partes del planeta. Cuando terminó el seminario fui a la sala de prensa para hacer una nota y entregarla a LURA, con el propósito de que el la revisara y pudiera utilizar algo de ella para el RADAR.  Cual sería mi sorpresa, cuando el me llama y me dice: lee esto; yo leí y me encontré que su escrito tenía unas interesantes ideas pero había un problema en la redacción: no era coherente. Y entonces me dijo: ya sabes lo que esto significa?, le dije: no y me respondió: tu eres el periodista. Desde ese momento viví una hermosa experiencia al lado de mi hermano, ya que debía cuidar de su salud y de su trabajo; por cierto, me concentré tanto en el trabajo que jamás le tomé la presión mientras estuvimos en Brasil.

Y mi “labor periodística” ya no fue escribir notas para que LURA las revisara, sino compartirlas con el, revisarlas juntos y decidir con el que cosas iban y que no; a pesar de su dificultad para redactar, no había perdido para nada ese sentido común que le ha permitido ser un periodista práctico, de gran rapidez mental y con un gran olfato para detectar la noticia importante. Pero además de lo anterior, debí hablar para el noticiero y eso fue lo más duro de esta experiencia. Cuando me tocó hablar a través del teléfono, tuve que olvidarme de mi “voz de tarro” y hacer mi mejor esfuerzo para que se escuchara bien y para no equivocarme al leer, ya que los nervios invadían todo mi ser.

Dos días salimos directo al aire y cuando terminábamos la transmisión desde Fortaleza,  “se me prendía un dolor de cabeza”, como se dice comúnmente, que solo desaparecía mucho tiempo después. Ni modo que yo a eso le llamara cefalea en mi lenguaje médico, sino que le decía, “tronco (para decir lo menos) e dolor de cabeza que tengo n…” o  también decía: “me duele full el tarro LURA”. La situación con esa transmisión en directo fue tan particular, hasta jocosa, que el segundo día de la misma casi le deseo hasta feliz año nuevo a los oyentes cuando me estaba despidiendo, ya que LURA me había pasado el teléfono de velocidad para que yo cerrara la transmisión.

Fueron unos días especiales en mi vida y en la de mi hermano, compartimos con sus compañeros periodistas de varios países. Yo que cuando estoy en grupos grandes hablo poco, no dejaba de hacerlo, con el propósito de que LURA interviniera menos y no se tensionara; era un pacto implícito el que habíamos hecho , en el caso  de las conversaciones, no nos pusimos de acuerdo, pero lo hacíamos.

Lo más hermoso de toda la experiencia, fue cuando una noche en el hotel, LURA se acercó a mi y me preguntó: crees en Dios?, le respondí: claro que sí y me dijo: escucha esto. Me pasó la grabadora y me dejó solo un rato; al comienzo de la grabación le pedía a Dios que le permitiera hablar durante unos minutos sin equivocarse y así sucedió: habló varios minutos, no recuerdo cuantos fueron, para mí una eternidad y no se equivocó un solo instante. Luego nos abrazamos, lloramos juntos y le dimos gracias a Dios por lo que había sucedido.

A partir de allí, LURA tomó las riendas absolutas del RADAR, entrevistó a un alto funcionario del BID sin cometer errores, grabábamos el informe antes de emitirlo, mi cefalea desapareció y cuando terminó el evento nos fuimos a recorrer el centro de Fortaleza.

Esa es una experiencia que no podré jamás olvidar en mi vida. Gracias Dios por permitirme vivirla.

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